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Me presentaré, mi nombre es Sandra, soy de Madrid y tengo 43 años

Desde el pasado mes de octubre tengo en mente el propósito de escribir lo que he sentido, experimentado y me ha aportado yoga terapia.

Todo empieza hace 12 años cuando conocí por medio de mi fisioterapeuta a Santiago, mi gran maestro. Aunque no le gusta nada que le llame así, lo hago desde la gran admiración y respeto que siento hacia él y espero me lo acepte aunque no lo comparta.

Durante 6 años estuve acudiendo a clases de yoga, por pereza, cansancio, lo dejé porque en parte Santiago sabía demasiadas cosas de mi vida. En mi interior no me encontraba muy a gusto, me incomodaba en parte. Se está enterando ahora pues esto nunca se lo dije. Charlábamos siempre al terminar las clases, intentaba salir siempre la última para hacerlo. Desde el primer día su presencia me ha aportado mucha paz, calma. A veces tengo la sensación de que cuando me habla o me mira no ve mi físico sino mi yo interior. Es una sensación extraña y bonita a la vez.

Cosas de la vida, dejé de ir a las clases cuando más lo necesitaba, a mi padre se le reprodujo un tumor en el pulmón, no tenía trabajo en aquel momento, rollos sentimentales, mi madre con depresión.

En ningún momento me olvidé de él, solo que ganaron por goleada mis interferencias en la cabeza, esta no estaba orientada en la dirección correcta.

Por lo general no se me da bien expresarme con claridad y por ese motivo me eché atrás con este propósito. En mi última cita de yoga terapia hace unos días en marzo, Santiago me animó.

Tal vez en parte sea miedo a volver a removerlo todo.

Mi vida ha sido peor que estar en el infierno y digo esto porque creo que el infierno no puede ser peor que lo que he vivido durante este último año. Picotee por todas partes y eso me hundió aún más. Tengo que decir que al menos no dejé ver pasar el tiempo, tenía muy claro que no quería seguir así. No me arrepiento de nada de lo que hice, de lo que sí me arrepentiría sería de no haber hecho nada.

Todo empieza en enero del año pasado con un diagnóstico de mi escritura por medio de un conocido que es grafólogo, el cual me convenció para hacerme una constelación, llevaba desde el verano que algo ya no iba bien en mi interior. No me lo pensé dos veces y sin apenas conocerle me fui a Gijón, donde reside esta persona, un fin de semana para hacer la constelación con un profesional de allí con un temporal tremendo.

El mes de febrero fue horrible, no comía, tenía muchas nauseas, no dormía, solo quería estar en la cama a oscuras, bueno miento, quería morirme, así de claro, estaba muerta por dentro, el dolor o lo que quiera que sea lo que sentía me estaba matando, no podía más con ello. Sólo los que lo han pasado me entenderán.

El impacto a nivel psicológico y físico fue bestial al descubrir en la constelación una serie de cosas de mi vida. Durante este mes no pude hablar nada del tema porque así debía hacerse. Comenzó mi deterioro físico. Por las tardes estaba haciendo un curso de 5 horas diarias, no sé de dónde ni cómo pude terminarlo, sólo sé que el ser humano es  mucho más fuerte de lo que piensa y que hasta que no te pasan las cosas no lo sabes.

En marzo tengo problemas con Bankia y denuncio por si era poco lo que ya tenía. Comienzo a ir a una psicóloga transpersonal para hablar en principio de la constelación. Me vino muy bien.

Después vamos profundizando más en mi vida, pero pasan 3 meses y no veo mejoría alguna, al contrario tengo más caos si cabe en mi cabeza, no me da ninguna respuesta a mis problemas, me aconseja volver a empezar mi vida de cero, cambio de ciudad, amistades, dejar mi casa, mi familia.

Me vuelvo loca y lo peor de todo es que casi la hago caso pues quise marcharme a Gijón a vivir de la noche a la mañana. No veía salida a este infierno. Recapacito durante unas semanas y me doy cuenta de que no quiero seguir viendo a esta persona, mi vida va a peor, no estoy conforme con su trabajo.

Unas compañeras de trabajo me hablan de 2 psicólogas, desconfío de los profesionales a pesar de que me hubiese gustado ser psicóloga y en 2 ocasiones de mi vida me ayudaron a superar una ruptura sentimental muy dura y la muerte de mi padre. Soy muy exigente conmigo misma, llevo ya mucho en el cuerpo y decido estar tranquila, no hacer nada, hasta ahora todo lo que he hecho no me ha servido. Tengo lumbago y una fisura anal debido a mi estado emocional. Nada fácil de llevar tampoco.

Me ayuda mucho hablar con una compañera de trabajo que también pasó por lo mismo, con el resto de personas no podía hablar de ello pues no me entendían, era como hablar en otro idioma. En ningún momento he perdido el sentido de humor, algo que me parece de las cosas más importantes de la vida y sacar como moraleja lo positivo de todo en la vida aunque parezca mentira por muy malo que sea lo que nos pase siempre hay algo aunque sea muy pequeño que nos enseña, aporta algo bueno.

Lo que sí he aprendido es a no dar consejos ni mi opinión a nadie a no ser que me lo pidan y sepa del tema. La gente se tomaba la libertad de hacerlo con la mejor intención de ayudar y lo único que hacían era hundirme más.

En Junio intento buscar por mi cuenta a otros psicólogos, algunas personas me aconsejan ir a Madrid, no me puedo creer que no haya nadie en Guadalajara que me pueda ayudar. En el herbolario donde compro normalmente me aconsejan un psiquiatra, pido cita y voy a consulta, otro fracaso más, me come la cabeza diciendo que tengo mala energía, que me tengo que hacer unas pruebas. Esto no tiene salida, voy de mal en peor, me hundo más todavía si es posible. En el trabajo no rindo, continuamente estoy llorando, pienso en dejarlo pues solo me quedan 2 meses de contrato, mis compañeros y jefe me animan a no hacerlo y así a trancas y barrancas van pasando los días.

En septiembre indago en internet sobre Santiago y su yoga terapia. Tengo dudas sobre si podrá o no ayudarme.

Una mañana sin pensármelo llamo para informarme y tengo la gran suerte de hablar con Esther. No puedo expresar con palabras la grandísima empatía que sentí con ella al hablar por teléfono. Es como si me conociera, supiera lo que me pasa, me anima, tranquiliza, estoy un buen rato charlando con ella, decido pedirla cita. Muy importante y lo que más me gustó en un principio de ella, no me vende la moto como otras personas, no me asegura, garantiza nada, me cuenta que aparte de la ayuda de Santiago soy yo quien debe realizar el trabajo.

Otro caos más, durante dos semanas estoy aterrada, pienso que me precipité, no me veo con fuerzas para ir, no confío ya en nadie ni tengo esperanzas de salir de este infierno si no es por mí misma. Vuelvo a llamar a Esther para cancelar la cita.

Me doy de baja en el trabajo, no puedo asistir a la boda de mi mejor amiga… Pasan otras dos semanas y vuelvo hablar con Esther, para mi desgracia Santiago marcha a la India y no regresa en 3 semanas,

Espero más de un mes para poder hablar con él, son los días más largos de mi vida. No veo el día de verle.

Vendito 13 de octubre, mi reencuentro con Santiago después de 6 años sin vernos. Le digo que tiene mi vida en sus manos, que haga todo lo que crea conveniente. No ha cambiado nada entre nosotros, percibo la buena química que hubo siempre, confío plenamente en todo lo que me diga.

Comienzo a ir 2 días en semana a clase y 1 día a yoga terapia. En un principio me preocupa por el tema económico y porque creo que estoy muy mal. Él me tranquiliza al explicarme cómo funciona el tema de las citas y la frecuencia con la que hay que asistir para mayor efectividad.

Hago todas las tareas que me manda, los ejercicios, soy muy disciplinada para eso. Estoy tan motivada, animada, creo tanto en él. Sus abrazos al terminar la consulta me aportan mucho, me hablan.

Solo puedo decir que a los 15días empiezo a notar mejoría y así poco a poco, en pequeños plazos de tiempo veo como surgen efecto los ejercicios, no tengo las palabras exactas para que se me entienda. Empieza a haber un cambio notable sobre todo  a nivel físico, comienzo a engordar, cuando algo no me gusta o me hace daño me revuelvo por dentro, cambio de look en mi ropa, me deshago de casi toda ella, no quiero nada del pasado, si pudiera hasta habría renovado toda la casa.

El ver que surge efecto me hace ser más positiva y fuerte, yo sola lo veo aunque son los demás los que observan mi cambio más. Sé porque me pasan las cosas, me da una explicación de ello y eso crea un peso menos en la mochila que llevo cargada a mi espalda. Antes nadie lo hizo.

Acepto las cosas mejor y las entiendo, así de sencillo. No pedía más. En ningún momento me marco una meta, vivo el día a día y confío en el proceso de la vida. Ahora comprendo que si no estoy bien conmigo misma tampoco puedo estarlo con los demás.

Me siento como en mi casa cuando acudo al centro, los profesores, cada uno de ellos me transmite una cosa. Me siento querida, comprendida, siento mucha paz, no lo puedo definir con otras palabras.

A día de hoy, mediados de marzo, estoy bastante mejor, acudo a yoga terapia cada mes y medio más o menos.

Continuamente me recuerdo que no tengo que confiarme y dejar de hacer los ejercicios o de acudir a clase, soy consciente de que esto es un trabajo diario que requiere constancia y disciplina. Los aforismos, el escuchar como los explica en YouTube me ayudan mucho, es como seguir un manual de instrucciones, nos enseña nuestro funcionamiento. También acudo a meditación el viernes que hay.

Me tomo la gran libertad de animar a todo aquel que tenga dudas ya no sólo de hacer yoga si no de yoga terapia aunque crea estar bien.

Como dice mi gran maestro: “Sé valiente, haz Yoga”.

Detrás de esta frase se esconde una gran joya de información.

Toda mi gratitud y cariño para Carmen, Felipe, Esther y Santiago. Sin ellos no habría historia alguna que contar.

Sandra

Para más información sobre Yoga Terapia sigue este enlace www.asana-yoga.es/yoga-terapia

Santiago Cogolludo Fernández
Santiago Cogolludo Fernández
Profesor de Yoga y de Yoga Terapia

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