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Cuando la Vida y la Muerte se acercan

El personal que atiende un parto es testigo de una experiencia única que algunas veces puede tener un mal final. A pocos días de que la Xunta presente su Guía de atención en el proceso de muerte y dolor gestacional y perinatal, Rosa Cogolludo, supervisora de la unidad de partos del hospital Álvaro Cunqueiro, en Vigo, narra la experiencia pionera de un centro que cambió radicalmente su forma de enfrentar el problema y hoy es un referente en profesionalidad y trato a la paciente.

¿Cómo ha cambiado la forma de actuación en los casos en los que el bebé nace muerto?

– Antes se ponía de parto la mujer y se sacaba al niño sin que lo viera. Salíamos corriendo con el bebé para que ni viera la sombra, y ellas mismas tampoco querían verlo. Poco a poco fuimos viendo que algunas mujeres ya lo querían ver, aunque a mucha gente le parecía una aberración

¿Es una situación muy estresante?

Cuando un bebé nace muerto es un momento traymático, estresante y desagradable, tanto para la mujer, por supuesto, como para el personal. Antes nadie quería atender a esa paciente. Decían: “Ahora vete tú, ahora voy yo…” se turnaban para no entrar.

¿La formación lo cambió todo?

Sí, nosotros pusimos en marcha el procedimiento en el 2011. Hubo varias personas que se fueron a formar al País Vasco y después vino una psicóloga para formarnos en Vigo. Nos contó lo que ya veíamos, que estábamos muy atrasadas. Vimos que era mejor para los padres que estuviese el mismo personal lo máximo posible con cada caso.

¿Y qué aprendieron?

Que antes lo hacíamos mal porque no sabíamos lo que teníamos que decir y hacer. Después de que nos formaran la gente encontraba satisfacción en saber hacerlo, y se empezaron a ofrecer para ir.

¿Cuáles eran los errores?

El personal, por ejemplo, se emocionaba, y pensaba que eso no era profesional, pero nos enseñaron que no pasaba nada por callarse o por que se te caiga una lágrima.

Como supervisora habrá vivido de todo.

Llevo quince años de supervisora, y al principio las madres esperaban conmigo en mi despacho. Lloraban conmigo y vomitaban conmigo en mi papelera. Cuando las cosas cambiaron la gente comenzó a venir a dar las gracias. La primera vez que me vinieron con una caja de bombones después de un parto con un feto muerto me quedé impactada. Una vez un padre me dijo que había descubierto que éramos humanas y que antes nunca lo había visto así.

Las madres criticaban que se les ponga en una habitación con una recién parida.

Eso en Vigo nunca se hizo. Se metían en la plata de ginecología, e intentábamos que estuvieran solas en la habitación. Aunque sí me han dicho que en algunos sitios sí que se hacía.

¿Ahora animan a la madre a que vea al niño?

Sí, la animamos siempre y le insistimos, porque sabemos que al final se arrepienten. Poco a poco, claro. Primero, cuando la informas, tienes que dejar que lo asimile un poco. Pero como el parto inducido son varias horas nos da tiempo a hablar, a preguntarle y a animarla, sobre todo porque ese tiempo atrás no vuelve.

¿Han vuelto padres arrepentidos?

Ha habido madres que se han arrepentido, han vuelto al día siguiente y nos han pedido ver al bebé. Yo he ido alguna vez a buscar al bebe a anatomía patológica, lo he subido, le he vestido, lo he puesto en una cuna térmica calentita y, tapadito, se lo he llevado para que pudiesen ver su cara. Te lo agradecen mil veces. Yo lo tengo claro: si podemos hacer algo se lo vamos a solucionar, y si nadie quiere, pues voy yo.

La atención en casos de muerte perinatal es un tema delicado que ha tenido que luchar contra creencias instaladas en la sociedad durante muchos años. Los profesionales saben hoy que hay frases que no se deben decir y actitudes que no ayudan nada.

¿Hay creencias obsoletas que han hecho mucho daño?

Antes había refranes o cosas que la gente decía, y los profesionales también. Cosas como “lo mejor es que tengáis otro”, “seguramente algo iba mal”, “la naturaleza es sabia”, “ha sido la voluntad de Dios” o “al menos no lo conocisteis, habría sido peor más adelante”. Las mujeres se sienten mal porque nadie en su familia quiere hablar del tema.

Y tener algo del bebé ayuda. ¿Tienen caja de recuerdos como la que anuncia la guía de la Xunta?

Caja de recuerdos, como tal, no tenemos, pero sí una tarjeta que la hicimos nosotros con los datos y una foto preciosa de la puesta de sol de Samil. También cogemos la huella de la mano o el pie, y hay cosas que las guardamos por si acaso, y otras las dejamos en la historia. Yo he tenido en mi despacho mechones de pelo guardados mucho tiempo porque no sabíamos si los querían o no.

¿También animan a hacer fotos?

Sí. Algunos hospitales tienen una cámara o un fotógrafo. Nosotros no, pero se las hacemos con su móvil si quieren. Al bebé se le viste con ropita nuestra, y tenemos mamás y abuelas voluntarias que hacen unos gorritos preciosos que le ponen al bebé y luego la familia se puede llevar, porque tienen su olor.

 

La Voz de Galicia sábado 23 de noviembre de 2019

María Otero. Redacción/La Voz

Santiago Cogolludo Fernández
Santiago Cogolludo Fernández
Profesor de Yoga y de Yoga Terapia

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