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Mis primeros dos meses en Yoga

Mi vida se planta en octubre con muchas cosas que olvidar en lo que va de año, anímicamente bastante hundido y físicamente tocado. Acontecimientos que desgastan y caen como una losa y mucho entrenamiento que acaba con largas lesiones.

Todo esto me empuja a tener que tomar decisiones firmes para tomar una nueva dirección en muchos aspectos de mi vida. Uno de ellos y seguramente el más importante era que tenía que encontrar una relajación física y mental.

Físicamente me encontraba tocado, no era esa persona tan ágil de hacía años y aparecían demasiados dolores. Mentalmente tampoco estaba en mi mejor momento, más bien muy lejos. La falta de horas de sueño, de relajación y de descanso estaban haciendo mucha mella en mi salud. El estrés empezaba a asomar a través de síntomas físicos y había que ponerle freno de manera urgente.

Si había una actividad que me había planteado hace años y que aunaba una relajación mental y física era el Yoga. Todo estaba decidido, uno de esos cambios sería tomar este camino.

Con cero conocimientos de yoga pero con una mente abierta caigo en la clase de prueba. Al salir lo que más había notado era el tiempo que me había podido dedicar a mi, mi momento, ese que a veces cuesta tanto sacar en el día a día. Además era totalmente accesible y el cuerpo despertaba, todo iba bien.

Las primeras semanas a veces me costaba coger el ritmo, me desconcentraba con las posturas (culpa mía y de mi estado), con la respiración, pero estaba ilusionado, había un par de horas a la semana que podía “perderme” y no pensar nada más que en recuperar el funcionamiento normal de la maquinaria de mi cabeza y desentumecer músculos.

El cuerpo empezaba a despertar, a veces en forma de estirar mejor en las posturas, otras veces en forma de hormigueo en la espalda ya que estaba empezando a mover músculos que a pesar del deporte había olvidado que existían. A veces se cargaba la espalda, pero me estaba dando cuenta de que hasta reeducaba la columna. Parece mentira como activa el cuerpo y lo que ayuda por ejemplo, en corregir la postura al sentarse o al andar.

Notaba cambios, y eso era lo que buscaba y necesitaba. Me había dado 3 meses para probar el yoga, con uno ha sido suficiente para ver las cosas y no querer tirar la toalla, quiero seguir y necesito seguir. Me he dado cuenta de que he mejorado en los dos aspectos que necesitaba.

¿Cuesta al principio? Si, pero la satisfacción de ver que como se avanza no tiene precio, ver que eres capaz de hacer las posturas mejor que al principio, que todo es más coordinado, que a veces tu abstracción del mundo es suficiente para olvidarte un buen rato de muchas cosas. Te das cuenta que a pesar del esfuerzo existe una recompensa real, no es un trabajo en vano, cada día de yoga se ve reflejado en mejoras no solo en clase, si no en el día a día.

Encontrarme mejor animicamente y no resoplar cada vez que me agacho son motivos suficientes, pero puedo añadir además que estoy recuperando elasticidad, físicamente me veo mejor, me obligo a dedicarme tiempo, consigo tener una mayor relajación mental, canalizo mis problemas de forma distinta, espero con ganas el día que me toca yoga… y además el yoga no es solo eso… digo esto porque quizá empiezo a entender el tema espiritual que le rodea, que no solo se basa en posturas o respiraciones, que el entorno es diferente a lo que estamos acostumbrados en nuestro día a día, también lo es su ritmo, que cuando das el paso al yoga lleva incluido un paquete más grande que te das cuenta cuando ya estás dentro y no imaginabas. Empiezas como una actividad y lo llegas a ver como una actitud, que puedes aplicar en muchas cosas de la vida.

Si abres la mente al yoga ves una actitud diferente, los problemas los puedes ver de otra forma, como afrontar determinados retos, pensar más fríamente, no mirar tan al futuro y centrarnos en el día a día que es el que realmente vale y que además curiosamente moldea ese futuro en el que tanto pensamos y que tanto nos preocupa. Dedicar tiempo al cuerpo y la mente que son la base de un buen funcionamiento en la vida. Ver que el trabajo tiene su recompensa.

Solo puedo decir que mi próxima etapa son los talleres de meditación, perfecto complemento para seguir mejorando en este camino de tomarse la vida a otro ritmo, un ritmo más sano.

Santiago Cogolludo Fernández
Santiago Cogolludo Fernández
Profesor de Yoga y de Yoga Terapia

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