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El Yoga para niños y adolescentes

El Yoga para niños es verdaderamente una manera de asegurar que nuestros hijos se desarrollen saludables y felices.

De los muchos aspectos del Yoga, yama, niyama y asana son los más relevantes y que mejor se pueden aplicar para ellos. Mientras los principios de yama y niyama refuerzan valores universales como la verdad, la no violencia, la limpieza (del entorno y de uno mismo), el respeto, etc. Las asanas les ayudan durante el crecimiento a desarrollarse física, emocional y psicológicamente. Así pues, el Yoga es un complemento necesario a la educación formal. Mediante la práctica de esta maravillosa ciencia nuestros hijos podrán florecer y desplegarse ante la vida como hombres y mujeres sanos y bien equilibrados, con cuerpos fuertes, mentes claras y corazones puros.

Los niños son creativos y positivos por naturaleza, expresivos, extrovertidos y llenos de vitalidad y coraje, curiosos y también sinceros y nobles. Rápidos y ágiles les encanta la variedad y lo nuevo, todo aquello que les invite a explorar y descubrir.

Las asanas son muy adecuadas para los niños. Pues son imaginativas además pueden ser demostradas, imitadas y adaptadas. Son dinámicas, intensas y estimulantes, suponen un reto que los motiva. Éstas les ayudan a desarrollar la fuerza de voluntad, la determinación y la sensibilidad, proporcionándoles un medio para aprender sobre ellos mismos a través de un amplio rango de movimientos corporales.

La niñez es un período de cambio, de la fragilidad a la solidez y fortaleza, de la inmadurez a la madurez, de la simplicidad de la vida del niño a la complejidad de la vida adulta y sus relaciones y obligaciones. Por lo tanto, la manera de trabajar con un niño de seis años, otro de diez, o uno de dieciséis debe variar de manera considerable.

Los más pequeños deberían comenzar aprendiendo asanas de manera divertida. No deben ser forzados en su práctica, ni en sus capacidades físicas. Aman la naturaleza y los animales y las poses que están inspiradas en esto.

Con diez años se muestran dispuestos a cooperar y contentos en las clases. Son ágiles y ya no tan frágiles. Les encanta probar una gran variedad de movimientos.

Los alumnos en la pubertad suponen un reto para el profesor. Se encuentran en un estado de agitación física y confusión psicológica. El profesor debe enseñarles asanas que les ayuden a superar esta dificultad, proporcionándoles equilibrio.

Los adolescentes entre dieciséis y dieciocho años son más fuertes y enérgicos además comprenden algunos detalles más sutiles de las posturas. Pueden ser enseñados de una manera más técnica y el profesor puede pedirles más precisión a la hora de ejecutar las posturas. Para esta franja de edad tanto la duración como la intensidad de las asanas pueden ser aumentadas.

A pesar de todas estas diferencias todos ellos tienen muchas cosas en común. Les gustan los movimientos dinámicos, con cambios rápidos. La velocidad y la variedad son esenciales para mantener su interés por las posturas de Yoga. También se sienten atraídos por posturas complejas y de apertura como las extensiones hacia atrás y las posturas sobre la cabeza. Aunque los niños son valientes, porque son física y emocionalmente resistentes, no son imprudentes.

  1. EL ROL DE UN PROFESOR DE YOGA

El rol del profesor de yoga cobra una vital importancia para que el Yoga se introduzca con éxito a los más pequeños. El profesor debe ser capaz de despertar la curiosidad en sus alumnos y crear en ellos el deseo de aprender. Él o ella deben inspirar y entusiasmar a los chicos además de alentarles en clase. El profesor debe por otra parte entender la naturaleza de los niños y ser sensible a los estados de ánimos y necesidades durante su crecimiento.

Un profesor de Yoga debe, por lo tanto, poseer agilidad física y agudeza mental. Debe ser un practicante entusiasta de Yoga. Ser capaz de realizar las asanas con los alumnos y no solo ordenar y demandarles que hagan las poses. La participación del profesor es esencial, ya que los niños aprenden por imitación. Son capaces de captar muy bien los movimientos y detestan extensas explicaciones. En cualquier caso, los movimientos rápidos y ágiles no pueden ser explicar, han de ser practicados. El profesor debería ser rápido para cazar los errores de los alumnos, corregirlos y ajustar sus posturas.

Los niños necesitan mucha variedad y novedad. No quieren repetir la misma cosa una y otra vez. Y si se sienten presionados a alcanzar la perfección, no les gusta; la precisión ha de ser introducida gradualmente. Las clases lentas son aburridas y dispersan su energía. En vez de esto, el profesor debería ser ágil y enseñar movimientos dinámicos. Esto atraerá a los más pequeños que por otra parte se distraen fácilmente. Los niños están rebosantes de energía. Uno no debería limitar u obstaculizar este aspecto. Los más pequeños tienen una fuerza y un coraje que el profesor debe potenciar.

Un profesor debe tener en cuenta que los niños tienen una tremenda capacidad de defensa. Por lo tanto, las lesiones o daños no ocurren fácilmente. Si algo va mal durante la práctica de asanas, pararán inmediatamente sin decirles que lo hagan. Poseen una capacidad inteligente de autoprotección. Es inherente en estas edades. No son insistentes sobre algo que les pueda dañar, aunque son muy valientes.

  1. NIÑOS PEQUEÑOS

Los profesores y los padres a menudo se muestran inciertos sobre la edad a la que los niños deberían comenzar a practicar Yoga. Niños de ocho en adelante están totalmente preparados para practicar. Entre 5 y 8 años pueden practicar alguna asana. Sin embargo, son demasiado jóvenes para practicar de manera formal. Las posturas en estático no se adaptan con su edad, tampoco tienen la capacidad de realizar muchos movimientos en dinámico. Lo que sí es cierto es que los niños pequeños son muy ágiles y elásticos. Sin embargo, en estas edades tan tiernas la agilidad, la intensidad y la elasticidad no deberían ser impuestas debido a su falta de fuerza muscular. Es más, una clase de yoga de 20 a 25 minutos de duración es más que suficiente para ellos. Se les debería permitir divertirse y casualmente aprender algunas posturas. Sería una equivocación obligarles a practicar. A los más pequeños se les debe permitir crecer con naturalidad. La disciplina no debería ser impuesta tan temprano.

  1. ADOLESCENTES

La adolescencia es el período entre la infancia y la madurez aproximadamente entre los doce y veinte años. Durante este período, alrededor de los catorce, alcanzan la pubertad y la capacidad reproductora. Notables cambios biológicos ocurren de manera repentina, a menudo adelantándose al crecimiento psicológico. En particular, las glándulas endocrinas experimentan cambios importantes y su aumento funcional estimula nuevos modelos de crecimiento y evolución. El yoga les ayuda a manejar el empuje de la pubertad que llega y a partir de aquí dirigir y canalizar la energía de la juventud.

Los importantes beneficios psicológicos y físicos de las Yoga-asanas son:

Mejora la circulación vital para el óptimo funcionamiento del cuerpo.

Nutre, estimula y mantiene el balance vital de las glándulas endocrinas las cuales gobiernan el crecimiento y el desarrollo.

Ayuda a establecer un ciclo menstrual regular y sin problemas.

Mejora funciones como la digestión y la respiración, así disponen de una mayor energía para su crecimiento.

Aumenta el suministro de sangre nueva al cerebro aumentando sus capacidades mentales.

Fortalece los nervios y su capacidad de resistencia aumenta.

Proporciona un adecuado desarrollo estructural por su trabajo sobre las articulaciones.

Los importantes beneficios psicológicos y emocionales de las Yoga-asanas son:

Ayuda a los chicos a desarrollar el autocontrol y ser menos propensos a cambios extremos en el carácter (que tiende a ocurrir durante la adolescencia) regulando las funciones endocrinas.

Controla el exceso de agresividad y excitabilidad a través de la regulación de las glándulas suprarrenales.

Atenúa la posible melancolía en las chicas regulando las funciones pituitaria y pineal.

Controla la pereza y el letargo que algunas veces caracteriza esta fase.

Refuerza la autoestima y confianza en ellos mismos. Apartando la timidez y la vergüenza.

Controla la excitación del emergente deseo sexual.

Dirige esta nueva energía descubierta en respuestas y salidas creativas.

Crea una predisposición hacia los principios Yóguicos de los Yama y los Niyamas, desarrollando un carácter ético y moral.

Aspectos a tener en cuenta de Yoga-asanas en adolescentes:

Las asanas no son sólo meros movimientos físicos. Tienen un impacto más profundo en el crecimiento de los chicos. Aquí van unos ejemplos:

Las posturas de pie desarrollan su físico y les aportan resistencia eliminando la rigidez y la apatía.

Las poses del saludo al Sol aumentan su fuerza y capacidad de aguante aportando frescura y agilidad.

Las posturas invertidas agudizan el intelecto. Fortalecen los nervios y ayudan a regular el funcionamiento del sistema endocrino.

Las posturas sentadas y con las piernas cruzadas crean movilidad en las caderas, rodillas y tobillos. Mejoran la respiración y mantienen la mente atenta.

Las flexiones hacia delante sentados calman las emociones y aportan serenidad.

Las torsiones fortalecen la espalda, creando calma también y reduciendo la excitación.

Las extensiones, y extensiones boca abajo combaten la desgana y el desaliento aportando energía.

Las posturas de equilibrio son estimulantes. Llevándolas a cabo, un chic@ puede tener la sensación de logro, de éxito. Reforzando la confianza en sí mismo.

Las posturas con movimientos de piernas refuerzan, flexibilizan y alinean los músculos de las piernas y articulaciones.

Las posturas acrobáticas son exigentes y estimulantes. Son muy útiles mejorando la circulación de sangre en los órganos vitales.

Por todo esto,

¡Sé valiente Diviértete Practicando Yoga!

 

Texto de Carlos Llorente inspirado en libro Yoga para Niños (Swati Chanchani y Rajiv Chanchani).

Santiago Cogolludo Fernández
Santiago Cogolludo Fernández
Profesor de Yoga y de Yoga Terapia

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