Yoga y Encarnación
1 septiembre, 2021
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Yoga, Moda y Superlativos

En esta época en la que las apariencias son tan importantes, el cuidado del cuerpo está muy, pero que muy, de moda. Las redes nos ofrecen todo tipo de yogas y de técnicas que nos harán personas más guapas, esbeltas y atractivas. Muchas personas “famosas” se apuntan a esta moda y se muestran en indumentarias, vestimentas o ropajes “de yoga”, haciendo “posturas” que se suponen que también son “de yoga”. Vemos que suben fotos en posturas que el público general relaciona con el yoga.

También está de actualidad hablar de la salud, del bienestar, de la tranquilidad y de los beneficios que tiene cuidarse en este maremágnum de agitación que supone la actividad diaria. Se habla del bienestar en general de una manera superlativa. Es decir, nos intentan transmitir que, por ejemplo, “poner la mente en blanco” cambiará nuestra vida de una manera extraordinaria, que caerá sobre nosotros una “lluvia dorada de felicidad” que nos transportará al “nirvana” y que todos los seres nos verán como un “unicornio rosa del amor universal”.

¡Fíjate si es esto así! Que pienso que hoy en día cualquier persona conoce palabras como karma, nirvana, iluminación, yoga. Aunque lo cierto es que, de tanto utilizar estas palabras dándoles un significado demasiado simplificado, la idea que se nos traslada es obviamente errónea, o por lo menos nos lleva a la confusión.

Un ejemplo muy sencillo es, cuando mencionas la palabra yoga la reacción general suele ser: sentarse con las piernas cruzadas y recitar el om. La verdad es que, cualquier persona puede sentarse con las piernas cruzadas, es una postura habitual en oriente, incluso en occidente muchas personas se sientan con las piernas cruzadas sin estar relacionadas con el yoga. La recitación del “om” no pertenece al yoga, sino que es parte de la tradición védica. El texto de referencia de la filosofía del Yoga no menciona el “om”.

Es como si, por ejemplo, un japones piensa que todas las españolas son mujeres que se visten de faralaes y que bailan flamenco de camino a sus trabajos y los españoles son hombres engominados, que van vestidos de torero, con capa y espada, y andan gallardos hacia la plaza de toros.

Son estereotipos, una percepción exagerada, con pocos detalles y muy simplificada, que se tiene sobre una persona o grupo de personas. Generalmente, los estereotipos están basados en prejuicios que la sociedad establece conforme a su ideología sobre el “modelo a seguir” de conducta o características físicas, estos estereotipos van cambiando según cambia la sociedad y sus tendencias o modas.

La moda y los superlativos dan una idea totalmente equivocada y exagerada del yoga. El vestir de blanco y ponerse una marca en la frente no va a contribuir nada en nuestra evolución personal. El tener una esterilla con un símbolo, del que, seguro que desconozco su significado, tampoco. El poner incienso cuando practico, o una vela, tampoco. El poner una música relajante mientras practico, lo único que va a hacer es llevar mi atención fuera del cuerpo. El que cambie mi dieta, sin ton, ni son, sin conocer verdaderamente mi cuerpo y lo que necesita a nivel profundo, no me va a transformar en una persona amante de la humanidad y de todos los seres vivos.

De la misma manera, el hablar del amor universal y la compasión incondicional o el estar plenamente convencido de cuáles son los ideales más altos o deseables, no va a hacer que adquiramos esas cualidades. En el camino hacia la iluminación hay muchos clichés y superlativos, pero son solo eso clichés y superlativos, una idea exagerada y equivocada, a veces llena de prejuicios, que nos impiden avanzar en la dirección adecuada.

Los superlativos, realmente no suelen coincidir con las cualidades que podemos expresar en el presente. Como aspiración pueden estar bien, pero el primer paso para avanzar hacia el desarrollo de cualidades más deseables es tomar conciencia de la “realidad” en que me encuentro ahora mismo.

Para realizar esta toma de conciencia necesitamos una mente tranquila y serena. Es lo primero, lo primerísimo. Esta primera tarea, es tan crucial como preparar unos buenos cimientos para construir una casa. No se realiza en dos días, ni en dos años. Necesitamos realizar un trabajo continuo, regular e ininterrumpido para que nuestra mente se tranquilice, se calme y pueda percibir con claridad la realidad que le rodea.

Las modas y los superlativos son como ladrillos de barro. Si construimos una casa con estos materiales, éstos no soportaran las inclemencias del tiempo, ni el peso de la casa y harán que ésta se caiga sin remedio con nosotros dentro. La caída y la frustración será tremenda, ya que pensaremos que con gran esfuerzo y energía hemos hecho todo y sin embargo la casa se nos ha caído encima devolviéndonos a nuestros tremebundos principios.

El trabajo de tranquilizar la mente es como cuando preparamos un terreno. Primero hay que limpiarlo de las malas hierbas, piedras, palos, basura, etc. Habrá que desbrozar, triturar, arar, quitar todo lo que no sea tierra fértil. No hay que “meter” cosas, no es necesario “introducir” ningún elemento nuevo. Solo quitar y quitar.

Esto mismo es lo que tenemos que hacer con la mente, deshacernos de todo aquello que no es útil, de su cháchara mental, sus discursos negativos, sus discursos superlativos, las tendencias a complacer a otros, a complacer nuestros pensamientos, nuestras ideas, nuestros prejuicios, etc., la lista es casi innumerable. Limpiar y limpiar.

Entonces, de una manera muy gradual la mente va recuperando su equilibrio y su capacidad de percibir con claridad. Esto requiere cierta ayuda, nosotros podemos trabajar mucho y limpiar mucho. Pero hay ciertas cosas que somos incapaces de percibir como negativas y necesitamos a alguien que nos dé alguna guía para que podamos trabajar sobre estas cosas nosotros mismos.

Cuando hayamos realizado, con calma y tranquilidad, esta tarea de limpieza de la mente, irá surgiendo gradualmente una percepción adecuada de nuestra realidad. Todavía nos quedará nuestro trabajo de poner en orden nuestra “casa” y así poder acercarnos a tomar conciencia de dónde estamos y cómo estamos.

En esta fase aún no introducimos nada, simplemente hemos estado vaciando y vaciando. Imagínate una nave llena de cosas hasta los topes, casi ni podemos entrar. Abrimos la puerta y solo vemos cosas y cosas amontonadas no podemos avanzar hacia el interior de la nave. En la limpieza vamos quitando y quitando cosas, poco a poco se va haciendo la luz y cuando vayan quedando menos cosas, podremos ir haciéndonos una idea de lo que hay en el interior de la nave.

Aun así, tenemos que seguir quitando cosas y limpiando, que haya espacio, que entre la luz, tirando lo viejo, reconociendo el espacio interno. Pero todavía no metemos nada en la nave, solo sacar, sacar y limpiar.

Cuando ya esté todo limpio y limpio, cuando haya espacio y luz. Entonces, nos podemos sentar a contemplar el espacio, el interior de la nave. Y entre limpieza (práctica) y limpieza (practica) poco a poco vamos a ir vislumbrando dónde nos ubicamos realmente. Y digo vislumbrando, intuyendo, o sea, que no hemos llegado todavía a esa toma de conciencia de dónde estamos realmente.

Deberíamos de ser pacientes y continuar, sin meter nada en nuestra mente, deberíamos continuar con la limpieza.

Pero las Modas y los Superlativos con todo su “marketing” nos invitan, animan, empujan, a meter, a introducir cosas nuevas desde el primer día. Nuestra ansiedad por cambiar, por hacer cosas nuevas, diferentes, positivas, nos puede llevar a obviar el paso básico previo de “tranquilizar” y “limpiar” la mente. Entonces, ese trabajo no nos traerá nada positivo. Es como si cocinamos el mejor de los alimentos. ¡Ah! Se me ocurre un superlativo, imagínate que cocino un “super alimento”, de estos de moda, en un recipiente y con un aceite o agua sucia o reutilizada. ¡Oh! El súper alimento se puede convertir en un veneno para nosotros. Lo estropearemos por no limpiar antes.

Volvemos al punto de partida, tranquilizar y limpiar, una y otra vez. Con el tiempo y de forma natural nos ubicaremos en el lugar adecuado, reconoceremos nuestras capacidades, aparecerán sentimientos y aspiraciones de acuerdo con nuestra realidad actual y podremos actuar con la aspiración y el sentimiento adecuado para nosotros.

Al hacerlo de esta manera podremos “entrenar” esta capacidad y de manera gradual ir progresando en la implementación de cualidades positivas asequibles para nosotros, al mismo tiempo que continuamos tranquilizando y limpiando. Esto dará lugar a nuevos descubrimientos y transformaciones internas en la dirección adecuada.

Natural, sencillo, simple, realista, sin alaracas.

El yoga es esto, el despertar de tu verdadera naturaleza, que reside en ti desde tu nacimiento. No hay que buscar fuera, ni introducir cosas desde fuera. Sólo tenemos que despejar las emociones y los pensamientos negativos que impiden que nuestra esencia, que brilla por sí misma, se manifieste hacia el exterior en todo su esplendor.

¡Paciencia y buena limpieza!

Santiago Cogolludo Fernández
Santiago Cogolludo Fernández
Profesor de Yoga y de Yoga Terapia

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