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Yoga y Encarnación

Cada práctica de yoga es una toma de conciencia. Esto quiere decir que, durante la práctica, vamos a llevar nuestra atención a nuestra manifestación en la tierra como seres humanos.

Podemos hacer esta toma de conciencia sobre nuestra encarnación, desde el estado más grosero o más asequible a lo más sutil, utilizando de manera progresiva los cinco elementos (panca bhutas) que nos constituyen.

Estos son, la tierra (prttivi), el agua (ap), el fuego (agni), el aire (vayu), y el espacio (akasa).

En algunas prácticas de yoga comenzamos de pie, con una breve toma de conciencia de estos cinco elementos:

  • la tierra, nuestra parte más material, más sólida, que representamos llevando la atención hacia la parte del cuerpo que nos soporta, nuestra base, nuestra raíz, desde las plantas de los pies a las rodillas;
  • el agua, desde las rodillas al bajo vientre, la zona con más órganos y fluidos, la tierra soporta a los fluidos y éstos permiten que las diferentes partes que componen nuestro organismo permanezcan compactas;
  • el fuego, la tierra y el agua dan lugar a que surja el fuego, representado por el fuego digestivo, el metabolismo, en la zona del abdomen, su función es facilitar la asimilación de todo lo que ingerimos;
  • el aire, el agua da paso al aire, que lo podemos ubicar en la caja torácica, la función del sistema respiratorio no es únicamente la asimilación del oxígeno, sino del prana, la energía vital que da vida a todo nuestro organismo;
  • el espacio, finalmente los cuatro elementos anteriores ocupan un espacio, el espacio (akasa) lo podemos ubicar desde la base del cuello hacia arriba, representa nuestra parte más sutil. Por ejemplo, los sentidos son más sutiles que la capacidad de las piernas para transportarnos, nuestra capacidad discriminatoria es más sutil que la utilización de los sentidos. Nuestro organismo ocupa un espacio (akasa) en la naturaleza en el universo (prakrti) y nos conecta con lo que no es material, con lo más sutil.

Este ejercicio previo, nos permite desconectar de todo lo externo, que atrapa la atención de nuestros sentidos, y cambiar nuestra atención hacia lo interno. Ya que, en esencia, la finalidad del Yoga es la reducción de una actividad mental descontrolada hacia el exterior y dirigirla hacia las necesidades internas del organismo.

Durante la práctica de yoga puede que haya varias tomas de conciencia de esta índole, tanto de pie, como tumbado, como sentado. Cada vez que avanzamos en la práctica, nuestra capacidad de atención y observación puede ir en aumento, por lo que también aumenta nuestra capacidad de percepción y de profundización.

Esto significa que lo que antes no era perceptible ahora sí lo es. Por ejemplo, en un principio podemos sentir la columna vertebral como un todo y, a medida que avanza la sesión, podemos ir sintiendo las diferentes articulaciones que componen la columna vertebral. Esto quiere decir que gradualmente le damos vida a las diferentes partes articulares de la columna y a su vez le damos movilidad a cada articulación o vértebra.

De esta manera las diferentes articulaciones que componen la columna vertebral retoman su movilidad individual que, debido a una falta de conciencia, antes se movían como un todo, sin partes. En cambio, a través de la repetición de este ejercicio de toma de conciencia, tanto antes, como durante, como al final de la sesión, esas partes que formaban un todo se empiezan a articular independientemente, cada una por sí misma, aportando gran capacidad articular y ligereza al movimiento y al cuerpo.

Hemos utilizado el ejemplo de la columna, pero podría ser cualquier componente del organismo, desde un hueso hasta la célula. Hemos querido ser prudentes y realistas y empezar por el principio, por algo que sea asequible y podamos realizar. Con el tiempo, podremos ir ampliando nuestra percepción y observar o llevar la atención a partes del cuerpo más sutiles.

Al final de la sesión también suele haber una toma de conciencia, a la que equivocadamente se le llama relajación. En esta toma de conciencia, quizás podremos profundizar un poco más de lo que éramos capaces de hacer durante la sesión.

En la última parte de la sesión estaremos más preparados o predispuestos para abandonarnos. Es decir, tendremos una mejor disposición para retirar todavía más nuestra atención de lo externo y una mayor capacidad para llevar la atención hacia esa observación interna más profunda.

Para realizar esta observación más profunda necesitamos estar muy atentos. O sea, que no estamos dormidos, todo lo contrario, estamos muy alerta, con la atención dirigida en la dirección que hayamos escogido.

Es verdad, que esta manera de practicar tiene como resultado, que después de la práctica nos sintamos relajados. Sin embargo, esta relajación es el resultado de que nos hayamos desconectado de lo que normalmente agita la mente, la falta de atención y dirección.

Hay que tener en cuenta, que el verdadero trabajo que hacemos en la práctica de yoga es de atención y concentración. Entrenamos a la mente para desarrollar la capacidad de elegir una dirección de atención y poderla mantener durante cierto tiempo.

Si hemos terminado la sesión con este tipo de toma de conciencia, tenemos que regresar a un estado de encarnación más terrenal, para reincorporarnos a nuestra vida cotidiana. Por ello, necesitamos realizar el movimiento en la dirección inversa. Volver de lo más sutil a lo más grosero y regresar completando el ciclo en dirección inversa:

Espacio (akasa), aire (vayu), fuego (agni), agua (ap) y tierra (prttivi).

Entonces, estaremos preparados para reincorporarnos de manera adecuada a nuestra siguiente actividad cotidiana, con una mente más tranquila y alerta. Esto nos permitirá estar presentes, elegir de manera más adecuada acciones y pensamientos y disfrutar de lo que hacemos de manera consciente.

Si tienes presente estas pautas en tu práctica de yoga, ésta será más consciente y efectiva.

Om shantih

Santiago Cogolludo Fernández
Santiago Cogolludo Fernández
Profesor de Yoga y de Yoga Terapia

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