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Yoga y Mente

El Yoga no surge en el mundo de los pensamientos, de las ideas, de la razón. El Yoga es algo activo, una vivencia, una experiencia, que al ser “vivida” de manera “activa” penetra en nuestro interior. Es decir, se va introduciendo en las capas más profundas de nuestra conciencia. El hecho de sentirse identificado con las ideas, ya sean religiosas, espirituales, éticas o incluso relacionadas con la actividad corporal, no conduce a ninguna realización, ya que nos quedamos en el ámbito de la mente, incluso de la imaginación. Es decir en un nivel muy superficial que no conlleva transformaciones profundas estables y duraderas.

El Yoga conlleva un cambio de conciencia. La actividad mental por sí sola no puede provocar un cambio de conciencia, sino únicamente una transformación mental. La actividad mental o el intelecto tiene un ámbito de acción determinado y limitado. Aunque el funcionamiento mental es importante, si los cambios sólo se producen a nivel mental no nos transformarán, los cambios no llegaran más profundo y no cambiarán nuestra conciencia. Intelectualmente podemos “saber” que una acción determinada no es buena para nosotros. Sin embargo, ese conocimiento no nos impide que sigamos realizando esa acción una y otra vez. Esto indica que verdaderamente no ha habido una transformación interna. Para que realmente se produzca un cambio es necesario que haya una transformación interna de la conciencia.

Si potenciamos sin control nuestra actividad mental, aunque sea con textos inspiradores, la mente fluctuará sin fin de un objeto a otro. Lo mental puede pensar, dudar, preguntar, negar, consentir, construir argumentaciones, destruirlas, tomar decisiones, anularlas, juzgando siempre superficialmente, sin llegar nunca a una experiencia profunda y firme de la Verdad; la mente por sí misma no puede ir más allá. Está Verdad reside en lo más profundo de nosotros, en nuestro corazón, es decir en un nivel de conciencia sutil en el que la mente no puede llegar.

La conciencia profunda sólo la podemos experimentar y está más allá de cualquier razonamiento. La mente, como instrumento grosero de percepción, es incapaz de acceder a niveles tan sutiles. Es como cuando “sabes” algo, es la realización de una “verdad”, y es difícil de explicar con palabras, ya que es fruto de una experiencia interna, es algo sutil y las palabras nos fallan para describir esa vivencia. Es la “inteligencia” del corazón, la inteligencia intuitiva, es algo vivo.

Sólo hay tres medios que permiten a la mente convertirse en un canal o instrumento de la Verdad:

1. Que la mente caiga en el silencio del Yo, cediendo su lugar a una conciencia más grande y más amplia.

2. Que la mente permanezca pasiva ante una Luz interior y deje que esta Luz se sirva de ella como medio de expresión.

3. Que la mente se transforme, de intelecto superficial, en una inteligencia intuitiva, una inteligencia del corazón, capaz de percibir directamente la Verdad divina.

¡Se Valiente, permite que tu mente descanse y surja la inteligencia intuitiva del corazón!

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Om shantishantishantih
Paz en el cuerpo, paz en la palabra, paz en la mente

Santiago Cogolludo Fernández
Santiago Cogolludo Fernández
Profesor de Yoga y de Yoga Terapia

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