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Una vez terminada la formación de profesores…

Este texto está principalmente dirigido a los que habéis terminado la Formación de Profesores con la intención de daros un impulso para que continuéis con vuestro aprendizaje. Ya sea conmigo en Âsana Yoga o allá donde vuestras circunstancias vitales os lleven.

Durante la Formación que habéis recibido hemos visto desde diferentes puntos de vista lo importante que es mantener una dirección: eka-ttava-abhyâsah; Yoga Sutra I.32. O dicho de otra manera la relevancia del compromiso con la práctica de un único principio o método. Os he expuesto esta enseñanza desde las diferentes perspectivas que nos aportan textos como los Yoga Sutras, Bhagavad Guita, Yoga Rahasya, Yoga Yajñavalya, y otros textos de Krishnamacharya o de T.K.V. Desikachar. Esta enseñanza o tradición insiste una y otra vez en la importancia de la relación del alumno con el/la profesor/a y de cómo desde esta relación surge el conocimiento.

Cuando hablamos de “profesor” no queremos decir un monitor, que es alguien apto para responder a una petición de una técnica particular, ya sea postural, respiratoria, de relajación, de meditación, etc. Sino que con “profesor” nos referimos a alguien que es capaz de transmitir de manera viva y encarnada una visión del hombre, del mundo, y además, una práctica capaz de transformar y purificar al ser humano.

El planteamiento del Taittirîa Upanishad nos dice que la ignorancia de nuestra verdadera naturaleza (avidyâ) nos genera orgullo y otras fuentes de sufrimiento. Su opuesto es vidyâ, que representa el conocimiento, la claridad, la sabiduría.

Para alcanzar el conocimiento se necesita que alguien pueda transmitir la enseñanza, el profesor, y que alguien esté dispuesto a recibirla, el alumno. El alumno seguirá la enseñanza recibida con constancia, coraje, aplicación, fidelidad y determinación, para que finalmente el conocimiento pueda establecerse. Entonces el profesor y el alumno están en la claridad y la enseñanza no es impartida sino compartida.

Sin profesor (âcârya) no hay conocimiento. El alumno es aquel que muestra la voluntad de estudiar y de ir hasta el final del camino emprendido. De esto se sobreentiende que es necesario un buen profesor y que el alumno también ha de serlo. Puede haber interrogantes o divergencias pero el profesor siempre será la persona de referencia. La enseñanza representa una situación de continuidad. Es en esta continuidad donde la enseñanza se va afinando hasta que con el tiempo aparece el conocimiento. La rapidez de la realización depende del poder de este lazo o vínculo que une al profesor con su alumno. Como ya habréis apreciado a lo largo de estos años de enseñanza la progresión personal es un vinyasa krama que se expande a lo largo de nuestra vida.

Me gustaría que tuvierais estas enseñanzas en cuenta en vuestro aprendizaje de Yoga. Obviamente, la tradición de Krishnamacharya no es la única, ni el Yoga el único camino. No obstante, el tener en cuenta el planteamiento anterior sobre el aprendizaje, el conocimiento y la relación profesor/alumno os aportará claridad sobre la enseñanza que elijáis y os beneficiará en vuestra propia evolución.

Om shantih

Santiago Cogolludo Fernández
Santiago Cogolludo Fernández
Profesor de Yoga y de Yoga Terapia

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